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jueves, 19 de febrero de 2015

18-F, el significante vacío

 



L









a policía metropolitana dijo que eran 400.000 personas. 100 mil más, 100 mil menos, el número no importa: eran muchos. ¿Daban miedo? No habría motivos para una afirmativa, ya que a priori se descuenta que se trataba de una manifestación más, acaso la menos opositora de aquellas marchas que así fueron encuadradas. Afortunadamente, los sucesos de violencia política partidaria parecen haber sido desterradas (o cuanto menos, ocultadas) de la comunicación masiva.
Lo que sí ha resultado curioso es la interpretación que un número importante de adherentes kirchneristas ha hecho de la manifestación. Con expresiones acusatorias, se redundó en la recreación de un imaginario pour la gallérie cada vez más ceñido a los aplausos de una tribuna.
¿Pero qué sucedería si la tribuna del equipo empezará a incomodarse de las estrategias de la conducción del equipo?
El acontecimiento de la marcha ha expuesto, quizás por vez primera, una dificultad del kirchnerismo por evadir a fuerza de iniciativas un malestar arraigado que excede los campos ideológicos de pertenencia. Un sentimiento de incomodidad, acaso, de la proliferación de nuevas amenazas que comportan las entradas a un siglo XXI que desde sus inicios se presenta caótico e imprevisible. Problemáticas como la trata de personas o el narcotráfico no sólo han sido abordados mediáticamente como nunca antes, sino que ha quedado demostrado por distintas organizaciones la realidad de la impunidad. Por caso, quienes se sintieron interpelados como ciudadanos por el caso Martins conocieron quien era Jaime Stiusso y los delitos a los cuales se los vinculaba, pese a que su figura tomo relevancia pública por la prensa escrita y los esfuerzos de la organización La Alameda. También conoció la impunidad con que la jueza María Servini de Cubría, eterna jueza del poder, cerraba abruptamente la causa entendiendo que el desaparecedor y esclavista de mujeres no podía ser denunciado su por su hija por mediar una cuestión de parentesco. Y un silencio absoluto, renglón seguido, que no ameritó por el oficialismo ni por el grueso de la oposición ninguna intentona por una democratización de la justicia. Es decir, existe un imperativo de que el sentido de oportunidad política para asumir iniciativas audaces conste de un respaldo popular, pues de otro modo la voluntad, aunque institucionalizante, puede reducirse a un capricho desaprobado.
Entonces, ¿era verdaderamente una marcha opositora? Más destacados por la ligereza de lengua que por la prudencia inherente al mandato recibido, algunos dirigentes kirchneristas fustigaron contra la manifestación dándole consideración de “ofensiva golpista” o, como calificaron los medios opositores con un inescrupuloso oportunismo, una “marcha contra Cristina”. En la distancia que medio entre la convocatoria y la marcha, el texto de los fiscales organizadores había cedido su relevancia frente a otras demandas alegadas en los distintos medios de comunicación, que se sintetizó en: a) esclarecimiento de la muerte del fiscal Nisman, b) mejoramiento de la calidad de las custodias, c) exigencia de un poder judicial más efectivo contra el delito y d) una mayor transparencia de las instituciones y sus conflictos frente a una ciudadanía sentidamente débil para protagonizar la escena pública. Sobre el último punto, vale la pena recordar que la disputa de la interna de la SIDE y la muerte de Nisman representaron el ocultamiento de lo público-estatal institucional y la indefensión. Es una ciudadanía que espera que el poder político le hable.
Sería una necedad suponer que el piso electoral del Frente para la Victoria puede cubrirse solamente con las organizaciones, cuyo aporte bajo Unidos y Organizados puede sintetizarse en el gran trabajo social aportado en la campaña “La Patria es el Otro”. Negarse a cambiar en nombre de una “identidad”, del prejuicio, o del “gánennos con los votos” es algo parecido al suicidio de una fuerza que prometió cambiar la política; la crítica es una práctica que nadie que ha invertido esfuerzos se propone evitar. Resulta entonces una tarea pendiente del oficialismo evitar la imitación de los latigazos verbales de la prensa opositora, sopena de que los chasquidos, quizás, alcancen a los propios.

Dicho de otro modo, no deberían juzgarse los convocados por los convocantes, así como un mandatario republicano no debería olvidar que el poder nace del pueblo. 

domingo, 9 de febrero de 2014

Debates adentro y afuera

La presión del contexto de la tríada especulativa (agroexportadores, industriales y comerciantes) provocó interrogantes sobre la capacidad del equipo económico. En estas circunstancias, el paulatino alejamiento, iniciado en 2011, de los realistas pragmáticos de la escena política –es decir, de los políticos portadores de un especial conocimiento de las inquietudes e intereses territoriales- ha venido a ser reemplazado por el ascenso de los técnicos ministeriales en 2013, afines a los incondicionales ingenuos (adherentes con escasa militancia territorial, partidarios de una democracia delegativa que deja plena en plena confianza y responsabilidad –y soledad- a las decisiones políticas en la figura de Cristina Fernández).
El debate transita también una discusión sobre el futuro del kirchnerismo y el rol de las identidades partidarias, ante una necesidad natural de toda fuerza política de lograr una renovación dirigencial y generacional, y una necesidad ieológica de dar una ruptura cuanto menos simbólica (en personas, en ideas) del Partido Justicialista respectyo de los dañosos procesos neoliberales argentinos.
Siendo acusados recurrentemente de verborrágicos y agresivos por la oposición, las gestiones de Guillermo Moreno en Comercio Interior y Aníbal Fernández en Jefatura de Gabinete habían introducido ciertos límites del gobierno nacional frente a los formadores de precios y cuestionamientos políticos. Estas figuras, del peronismo tradicional, contarían sobradamente con un carácter práctico para la gestión, pero implicarían limitaciones en su capacidad de apertura para dar nuevos sentidos al rumbo político y desarrollar un proyecto propio. Por sus formas, la asociación a los comportamientos hostiles de la dirigencia peronista del GranBA es un lugar previsible.
GENERACIONES. El ministro de Economía Axel Kicillof y el
Gobernador de la Provincia de Buenos Aires Daniel Scioli.
En este sentido, se advierte una notable diferenciación que gran parte de los sectores de centroizquierda formulan sobre el gabinete nacional actual, en que predominan las críticas a las decisiones sobre las decisiones, y las que se realizan sobre los ejecutivos distritales, donde se cuestionan prácticas y relaciones poco claras o incompatibles.
Daniel Scioli, hipotético sucesor a la presidencia, no arriesga demasiado y establece su base de apoyo en el Partido Justicialista sin recrear aperturas transversales. Apuesta, en última instancia, a la capacidad de convocatoria de un perfil tradicional del peronismo, con los adherentes históricos alineados en subalternidad de una dirigencia capaz de pedir “mano dura” y “distribución de la riqueza” de acuerdo a las manipulaciones de la opinión pública. Bajo la democracia de audiencia actual, apuesta a conjugar el encuentro litúrgico del pasado y el marketing televisivo que hizo célebre a Francisco de Narváez o al bruto empresario agropecuario Alfredo Di Angelis.

La cuestión es, en definitiva, ¿cuánto puede arriesgar el peronismo, sin el kirchnerismo, ante el recuerdo cómodo de la dirigencia en la década del 90´?

viernes, 7 de febrero de 2014

El problema de los precios

Durante las últimas semanas, pese a los intentos por bajar los niveles de incertidumbre en distintos rubros comerciales (especialmente los vinculados de una u otra manera al rubro de la construcción: casas de electricidad, corralones, ferreterías, etc.), ha sido limitada la venta señalando un “desconcierto sobre al estabilidad del doblar”. Esto constituye un grave problema para las familias beneficiadas por el programa de construcción de viviendas familiares PROCREAR, ya que dadas las revisiones del estado de la construcción cuatrimestrales no es admisible caer en demoras. El reciente acuerdo de precios con corralones quizás pueda ser una solución, pero sólo el tiempo dirá.
Otro tanto sucede con los precios de productos de primera necesidad en los hipermercados, cuya respuesta habitual a los acuerdos de precios es el retiro de productos de las góndolas, especialmente en las ciudades del interior.
No basta denunciar maniobras especulativas o flashes mediáticos de consensos (tácticamente) inexistentes entre gobierno y capital, aspecto que devalúa en márgenes preocupantes al Estado como instrumento de la soberanía popular. La amenaza de sanciones es una recurrente operación retórica vaciada frente al empresariado argentino.

Quizás sea tiempo de recordar al buen  liberal que fue Locke, pensando en la imposibilidad de gobernar sin la espada. 

viernes, 31 de enero de 2014

Y Viglietti cantó "A desalambrar"...

Daniel Viglietti.
Bajo el siempre acartonado público que caracteriza una de las más aclamadas diestras tradicionales argentinas, el cantautor Daniel Viglietti entonó el 30 de enero su repertorio de reivindicaciones a la memoria de las aniquiladas generaciones de idealistas latinoamericanos frente a las ofensivas del capital trasnacional y los apátridas locales.
El repertorio televisivo fue de apenas tres cancones, débilmente aplaudidas por atónitos espectadores, muy lejano al “A desalambrar” y más proclives quizá al hit mediático “El campo somos todos”.  Incluso los desheredados, condenados al hacinamiento y la negación. Todos somos propiedad del campo.
Si el folklore pretende entonces ser la abstracción del pueblo, debieran considerar los organizadores que la pretensión de pluralidad debería afirmarse sobre un marco más amplio que la concepción conservadora de familia, patria y (por supuesto) propiedad. No es una asunto de problematizar y dividir (y si así lo fuese, ¿cuál es el problema?) sino del inmenso adormecimiento del civismo en principio, y de la solidaridad y el pensamiento prospectivo en segundo término, en tanto valores de cohesión social. Se trata, sin más, de homenajear a los muertos que dieron en su sangre derechos políticos y la misión de un mundo igualitario, y evitar diluir en un episodio fragmentado y arrinconado en la historia la forzada iniciativa de una desaparición ideológica, una equivocación romántica de impúberes.
Una muestra, acaso, de los límites del Zeitgeist, en que acaso la revisión de los setenta no ha pasado de un caprichoso consumo cultural.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Experiencias cercanas


Los recientes acontecimientos derivados de la sublevación policial y la mediática sensación de inseguridad extendida a distintos lugares han transmitido una idea de desorden social impactante. Los comentarios más peyorativos contra el oficialismo señalan una pérdida del maquillaje kirchnerista para revertir el problema social, mientras que la historia política reciente del país conoce de las prácticas de grupos desestabilizadoras a través de la maniobra de los saqueos (especialmente, en el final de los mandatos de Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa).
El episodio tiene presente varias experiencias cercanas. La protesta de los gendarmes durante 2012 por una suba de sueldos, quiénes hicieron de la inacción y la concentración su instrumento de protesta, logró generar una importante tensión que fue desactivada al difundirse a través de la jefatura de gabinete el monto de los sueldos. En la región, Bolivia (junio de 2012) y Ecuador (2010) llegaron a situaciones de crisis e incluso un secuestro presidencial.
La rápida federalización del reclamo desde Córdoba donde las fuerzas lograron un aumento del 35%, y la sucesiva ramificación de protestas movilizadas por el efecto demostración han conducido a una repentina situación de crisis nacional. Otro aspecto singular es la falta de gradualidad de la protesta, en la que la incipiente publicitación del reclamo salarial local dio como desarrollo medidas de fuerza de máxima, coadyuvando a la crisis emergente. De este modo, los policías pasaron a cobrar en promedio entre 8 mil y 10 mil pesos. La inacción permitió que bandas organizadas saquearan casas y comercios, con enfrentamientos que costaron la vida de quince personas.
El 11 de diciembre, en una conferencia de prensa en forma conjunta con el jefe de gabinete, el gobernador de Córdoba Juan Manuel de la Sota, tan conservador como astuto, sostuvo que las negociaciones no se estaban haciendo en condiciones normales, ante lo cual cabría cuestionar la validez por existir un “vicio de nulidad”.
El 10 de diciembre, en Tucumán, vecinos indignados increpaban a los policías por estar presentes y no actuar al momento de los saqueos. La respuesta de la policía fue una represión feroz. En la misma jornada, en la celebración del Día de la Democracia, la presidenta Cristina Fernández dirigió un claro mensaje a los gobernadores: el deber que les compete de reestructurar a las policías provinciales tal como el gobierno nacional lo ha hecho con las Fuerzas Armadas.
Sin pretender una demonización institucional, la actuación durante la última dictadura, las señaladas connivencias con el crimen organizado y experiencias de abusos en comisarias mucho agregan a la reputación de la institución. En este caso, la valoración de fuerza como instrumento de negociación contradice una ética de la función pública encomendada.

Una vez, más, la pregunta de Alan Moore se instala: ¿quién vigila a los vigilantes?

viernes, 29 de noviembre de 2013

Iniciativa programática del Partido Comunista ¿una apuesta de re-izquierdización?

El 17 de noviembre de 2013 el diario Tiempo Argentino realizó una entrevista a Patricio Etchegaray, secretario general de Partido Comunista Argentino. En ella, Etchegaray explicita una adhesión a la gestión kirchnerista al tiempo que solicita la discusión de un debate programático, en una iniciativa por retornar a una política propositiva y responsable, algo remoto ante el impactante vacío instalado con la democracia de audiencia argentina.
Sabido es de los cuestionamientos históricos realizados hacia el PCA, en tanto tradicional detractor de los gobiernos nacional-populares, absentista de la participación armada y elogioso de Jorge Rafael Videla durante la última dictadura. Estos gravísimos errores de la conducción han sometido al partido a un rol menor. Sin embargo y realizadas las debidas autocríticas, el dirigente Patrio Etchegaray ha interpretado lucidamente la necesidad de avanzar en un frente nacional hacia una transformación estructural en un contexto posliberal.
Para Etchegaray, las rupturas con la
dominación hegemónica, la apuesta
a la producción y el rol regulador del 
Estado ameritan el resguardo de los
gobiernos progresistas regionales,
El kirchnerismo supo aglutinar, en un contexto de opciones meramente institucionalistas pero desligadas de una propuesta de solidaridad social, sectores ajenos al justicialismo. En este sentido, la diferencia más notable entre los orígenes del socialismo y del peronismo están dados acabadamente en su origen de idea abstracta de mejoramiento social movilizada por las clases bajas y la burguesía humanista en un caso y la adhesión a un líder carismático al que, debido a sus logros, todo se delega. El kirchnerismo, en tanto proyecto de peronismo transversal, no ha contemplado debidamente las distintas identidades que han conformado su base de apoyo, recelosas de aceptaciones irrestrictas y necesitadas de verificaciones precisas de los cambios progresistas instrumentados. 2012-2013, por otra parte, fue un período marcado por una “sensación de inseguridad” ferroviaria y el alza inflacionaria y (salvo excepciones) la ausencia del funcionariado dando explicaciones viabilizó que las críticas se trasladaran desde acusaciones de ineficacia hasta de corrupción. La candidatura de Insaurralde como adlátere kirchnerista del justicialismo bonaerense, pero construida a imagen y semejanza de su rival electoral Sergio Massa, no hizo más que agregar mayores dificultades al confuso acto eleccionario. En tal sentido, el kirchnerismo en 2013 desarrolló una voluntad política limitada, en que el “vamos por todo” fue reemplazado por acuerdos entre la burocracia partidaria, quizás a modo de establecer una transición no conflictiva.
El 18 de noviembre, fue el propio diputado Carlos Kunkel quién admitió la perdida de base electoral al señalar que “se nos fueron 1.200.000 votos por izquierda” en el programa radial “Mañana Sylvestre”.
El Partido Comunista, en ese orden de cosas, se presenta como una adhesión crítica capaz de transformarse en una usina de ideas valiosa, pese a que el kirchnerismo ha sabido lograr adhesiones través de la ejecución de medidas tan convocantes como imprevisibles, acaso evitando elementos que puedan servir como obstáculo.


miércoles, 11 de septiembre de 2013

La realidad frente a la metafísica, tras las PASO

Una pregunta inmediata a las declaraciones de Martín Insaurralde en favor de la baja de imputabilidad es si el kirchnerismo emprende un proceso de derechización. A la toma apresurada y torpe de la bandera tradicional de la derecha punitiva, sigue el interés por elevar el piso de ganancias. Algunos se preguntan, ¿pueden estas no ser las palabras de la presidenta, dada la cercanía que le dispuso al candidato durante la campaña? En esta situación, hay dos elementos que pueden aportar algo de luz: Insaurralde es un intendente o, dicho de otro modo, un líder territorial que conoce las inquietudes (buenas o malas) de un distrito del GranBA y obra en consecuencia para obtener votos. Proviniendo del Partido Justicialista bonaerense, lugar de conversiones, adaptaciones y disputas de liderazgo durisímas, podría explicarse además la capacidad de nadar hacia la corriente de la opinión pública instalada.
Scioli expone personalidad y perfil propio, designando al
polémico Alejandro Granados.

En lo concreto, las PASO permiten una lectura que guía a las revisiones. La crítica interna, en este cuadro de situación, merece dejar de ser fustigada o cuestionada como una manipulación divisionista del Grupo Clarín. Sólo puede resistirse a la crítica aquél que tiene la soberbia de creer que no hay nada por mejorar. En este sentido, puede hacerse una división de responsabilidadesde aquí a octubre: el gobierno nacional en tanto representación máxima de una dirección, y la militancia distrital en tanto lugar de comunicación de las políticas públicas. Si los medios neoliberales hacen del ataque a el CEDIN, freno a la especulación y las corridas bancarias, una opinión pública hegemónica y cautiva, estamos al horno con papas. De tal modo, la estatización de YPF, la sanción del voto juvenil, la obligación de los bancos de otorgar el 5 por ciento de sus depósitos en créditos para inversión, la implementación de créditos para obtención de viviendas y reformas de inmuebles a través del PROCREAR y los intentos de acuerdo de precios poca incidencia han tenido en una sociedad que elige fuerzas políticas con los mismos criterios que un equipo de fútbol y abraza con enfásis la promesa demagógica del cese de confrontaciones, acaso un retorno al útero de la calidez menemista. También se advierte los vínculos transitorios que el electorado realiza con un proyecto político (temática a la que invita a pensar Gabriel Vommaro en “Diez años de Favores por votos. El clientelismo como concepto y como etiqueta moral”, en "Si éste no es el pueblo. Hegemonía, populismo y democracia en Argentina" (2010), de Eduardo Rinesi, Matias Muraca y Gabriel Vommaro (comps.)). Insaurralde, decimos, toma las promesas de Massa, a lo que nos preguntamos ¿ignora que para réplicas, mejor los originales? Por lo pronto, una respuesta necesaria para revertir la confianza de las mayorías es internarse en el debate y generar hechos políticos, una responsabilidad que cabe a la dirigencia nacional y a la militancia de los distritos.

La designación de Alejandro Granados, partidario de la mano dura frente al delito, al frente del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires no es un dato menor. Si en el período preelectoral Daniel Scioli buscó cautivar al kirchnerismo con muestras de fidelidad a Cristina Fernández cuestionando a la propuesta de Massa en la búsqueda de capturar estructura para el proyecto presidencial de 2015, esta decisión tras las elecciones primarias resulta un guiño a los intendentes en tanto posibilidad de premiación y preferencia al mismo tiempo que advierte la valoración de las bases de sustentación buscadas. En esta línea de consideraciones, no puede obviarse que el fenómeno más rico del proceso kirchnerista es la disputa generada al interior del propio peronismo entre fracciones de izquierda y progresistas frente a las corruptas y conservadora, con la consiguiente tensión en territorios y liderazgos.

La manifestación de retrocesos en la correlación de fuerzas son evidentes, y para un cronista que entiende que toda construcción se inicia desde abajo los enojados que escupen al cielo o los atónitos que se han privado de besar el anillo se han privado de razonar las urgencias del actual contexto. Así las cosas ¿dónde queda la “Generación del Bicentenario”? ¿qué de una resurrección de un peronismo de izquierda y su imaginario? ¿adónde la transversalidad? Es un escenario incoherente imaginar banderas con la cara de Eva, Cooke y el Che en una campaña presidencial de Daniel Scioli o similares; sin embargo, la manipulación simbólica todo lo puede. Las conversiones también. El kichnerismo ya no es -para cachetazo de la insolencia de los bravucones, o para el fatalismo triunfante de jóvenes eufóricos que jamás pisan zonas con necesidades- el 54 por ciento. Las cartas están echadas, y para quien desee revertir el cuadro de situación, no queda otra que la militancia real.


martes, 9 de julio de 2013

La incorporación absoluta del discurso de la burocracia sindical en Hugo Moyano


L
As decisiones políticas y la elección de lo partidario pueden no explicitar de forma contundente el proyecto político deseado, más aún en un sistema de representación electoral tan volátil como el sistema político argentino. Muy distinto es lo que ocurre cuando el protagonismo político insta a emitir posicionamientos públicos a la sociedad, en una expulsión discursiva con expresiones categóricas que se alinean conformando un entramado ideológico.

Las recientes declaraciones del referente del gremio de camioneros y fundador del reciente Partido de la Cultura, la Educación y el Trabajo son elocuentes, a modo de anexo a una visión sindical hasta el momento no pronunciada. Si Hugo Moyano había instalado en su discurso ideas como “defensa de los trabajadores” hasta la “defensa de los trabajadores en la política” (forma explícita de enunciar la propiedad de candidaturas en las listas del Partido Justicialista hasta el anuncio de una postulación presidencial), la llamativa alianza con el millonario derechista Francisco De Narváez primero y las recientes declaraciones contra las políticas sociales y sus sujetos de derecho (1) revelan un viraje discursivo cuyas consecuencias personales exceden por su contundencia los cálculos electorales posibles en la coyuntura. ¿Acaso Moyano buscó despegarse de un sujeto político “pobretón” para, en nombre del 20 por ciento de los asalariados, reclamar que el Estado elimine el apercibimiento sobre el salario de los trabajadores mejor pagos? ¿hay propuesta para el sector informalizado de la economía, elevado a un 30 por ciento de la masa de trabajadores, gran parte de ellos incorporado, aunque en forma débil, a través de las posibilidades de determinar producción y un equipo de trabajo a través de las exigencias implementadas en las políticas sociales actuales? Todos estos aspectos son continuamente soslayados, convirtiéndose Moyano en un líder sindical del tipo al que combatió durante su militancia  en el Movimiento de los Trabajadores Argentinos durante la década del noventa: un líder cerrado en la defensa de los trabajadores integrados que cumplen con la mensualidad de la cuota gremial y un comportamiento corporativo desprovisto de función social alguna bajo cuyo egoísmo los pasos hacia las prácticas inescrupulosas suelen reducirse a condición de oportunidad. La recurrencia a los balazos electorales de las internas de la UOCRA o la deconstrucción de la red mafiosa de la Unión ferroviaria tras el asesinato de Mariano Ferreyra arrojan luz sobre como las bondades de la solidaridad colectiva pueden tornarse el oscuro nicho de dirigentes corrompidos.

Si De Narváez, su socio político, ha sido un impulsor del endurecimiento del rol punitivo del Estado frente al delito, Moyano quizás entienda nula la posibilidad del concepto de trabajador como sujeto no gremializado. A De Narváez y a Moyano pareciera perjudicarles los ingresos de quienes pugnan por su inclusión: no son asalariados para sindicalizarlos, y son aún demasiado perseverantes y ricos para integrar redes delictivas que favorezcan la sensación de inseguridad creada por América, Canal 9, Canal 13 y C5N. Se trata de una población sobrante, electoralmente inútil para la dupla.

Quizás el discurso de Moyano contra los trabajadores en peor condición pueda servir para un replanteo sobre representatividad y renovación del sindicalismo argentino en sus distintas centrales.


NOTAS

(1) Moyano llamó “planes descansar” al programa “Argentina Trabaja”, que nuclea y asocia a los trabajadores con un salario estatal para formar cooperativas de trabajo sustentables. Los “planes trabajar”, con que compara Moyano, fueron un instrumento asistencialista empleado durante el menemismo con una forma de administración irregular.

sábado, 13 de abril de 2013

La industrialización y el gremialismo, elementos estratégicos de resistencia antiimperialista

La necesidad de una renovación generacional y trasnsparencia institucional bajo un proyecto permanente de inclusión social, eje de discusión para la renovación de un modelo sindical.















Con harta frecuencia, los trabajadores de los países que han visto sucumbir sus proyectos emancipadores de industrialización una y otra vez no les queda más que el melancólico recuerdo de un pasado en que las energías nacionales proyectadas en el trabajo del acero marcaban un ritmo instituyente de ascenso social y políticas redistributivas. El marco de este proyecto político, iniciado por Hipólito Yrigoyen pero dado básicamente durante la administración de Juan Domingo Perón, puso en escena las posibilidades (aunque también las limitaciones económicas) para dar pleno alcance al desarrollo del “país industrial”, que se evidenció en la notoria producción de aviación militar y automotriz. El proyecto antiperonista, por el contrario, tuvo como objetivo predominante retroceder hacia el país pre-peronista, hegemonizado por la oligarquía terrateniente, a los fines de constituir una sociedad con roles estáticos en que la renta de los propietarios de la tierra se transformó en factor de atraso en la modernización del país. Este retroceso se agravará en cada uno de los gobiernos golpistas, profundizándose en la tiranía militar de 1976-1983, y en el período democrático durante el gobierno de Carlos Saúl Menem. El caso de Menem reviste especial importancia, ya que desde su lugar de conductor del Partido Justicialista traicionó las banderas históricas de su líder histórico (Juan Perón) basadas en una fuerte presencia decisoria de la voluntad nacional desde la presidencia (“soberanía política” vs. monitoreo de las políticas económicas por el capital financiero encarnado en el FMI, Banco Mundial y similares), en la equidad y movilidad social (“justicia social” vs. despidos masivos de “racionalización” de empresas, asimetrías en el sector productivo generan oligopolios, etc.) y en el desarrollo por vías autónomas (“independencia económica” vs. endeudamiento, deuda social, etc.). 

Es esperable que proceso haya repercutido hondamente en la cultura cívica del país, por lo cual no es difícil coincidir con Di Tella:

«En cuanto a la corrupción, ella no puede menos que difundirse en un país que ha tenido tanta inestabilidad política y sucesión de gobiernos ilegítimos, de tipo abiertamente dictatorial o civiles pero no basados en elecciones genuinamente libres. Bajo esas condiciones, los individuos más dinámicos, tanto en al esfera empresarial como en la política, sindical o de funcionarios y en las Fuerzas Armadas, se acostumbran a “conseguir” cosas de cualquier manera. No es un mero problema moral, porque las condiciones caóticas mismas son las que estimulan ese tipo de comportamiento. Sin embargo, también es un problema moral, porque aun cuando las condiciones vayan cambiando, las costumbres adquiridas no se dejan fácilmente de lado.» (Di Tella, Torcuato. (1998) Historia social de la Argentina contemporánea, Troquel, Buenos Aires, 1999, ISBN 950-16-2060-3, p. 436)

La instalación del proceso de globalización, abriendo al etapa del posmodernismo individualista, inició un período de fuerte debilitamiento del Estado-Nación y las jerarquías simbólicas que habían constituido durante el siglo XX ideales movilizantes del colectivo social. En ese vacío profundo, donde la ausencia de normas constituyentes se manifiestan en un Estado lo fuerte para reprimir las demandas sociales y débil frente a organismos y empresas frente a la penetración permanente del capital trasnacional. En ese “salvése quien pueda”, el empresariado local acepta en forma de “racionalización” despidos masivos y vende sus acciones. La dirigencia política incorpora bajo una moral triunfalista el Pensamiento Único Neoliberal como dogma infalible o herramienta de pauperización del país. Lamentablemente, bajo la repulsa de la política no se construye una alternativa de fondo, y el alejamiento de la política de la ciudadanía implica mayor impunidad para los disolutos en funciones.

En ese sentido, cabe pensar en la importancia ideológica del gremialismo como grupo de presión para definir demandas y condicionar un campo de acción en el cual el Estado nunca debió dejar de tener ingerencia. Ahora bien, cuando una burocracia se petrifica en la conducción y se pierde incluso la regulación sobre la misma, es esperable no sólo que pierda una cosmovisión sobre la totalidad de las cosas sino el mismo interés por defender a los propios trabajadores. El gremialismo argentino, cargado de dirigentes que supieron mantener una participación activa denunciando sus elementos más combativos durante el último gobierno militar, tiene el deber imperioso de purificarse y renovar la función social que por naturaleza le corresponde. Para ello, la 1) la transparencia de los comicios, 2) la renovación de los mandatos y 3) la participación constructiva de la oposición en co-gobierno son requisitos valiosos para un funcionamiento honesto del gremialismo. Todo ello es fundamental, habida cuenta de que la extensión de la participación social del Estado es inalienable de un gremialismo comprometido en el desarrollo de las energías nacionales hacia la soberanía política.

La muerte del joven militante del Partido Obrero Mariano Ferreyra en una protesta el 20 de octubre de 2010 a manos del círculo criminal del gremio Unión Ferroviaria (1), episodios varios de violencia intersindical dirimidos a balazos (2), el pasado dudoso en grupos parapoliciales durante la última dictadura, y la reciente agresión a militantes de la agrupación La Cámpora (3) exhiben a todas luces las resistencias y la ausencia de límites morales en la apropiación forzosa del Estado, fondos de dinero y territorios políticos.

La  pervivencia de los viejos malos actores resulta válido en la gradualidad de la política, pero es necesario sin lugar a dudas un paulatino crecimiento del rol del Estado en materia de iniciativa pública y regulatoria que los vaya apartando de su lugar de poder: los anhelos de una burguesía maravillosa capaz de prestar servicios públicos y empleo han revelado frecuente confianza en empresarios corruptores y pérdida del empleo genuino. El proceso de industrialización e independencia económica necesita de un funcionariado comprometido capaz de proteger y “reapropiarse” de los recursos estratégicos (litio, petróleo, gas, oro) y procesarlos con valor agregado.  A diferencia de otros tiempos, siendo el Gobierno-Estado el actor más cuestionado, pareciera revelarse una nueva expectativa en el Estado como motor del cambio hacia una mayor regulación e ingerencia en la vida pública. 


NOTAS
(1) Más datos en http://justiciapormariano.wordpress.com/ .
(2) Basta tipear en cualquier buscador en páginas de Argentina el concepto de "violencia sindical" para hallar episodios de esta lamentable problemática.
(3) "Pata Medina: `no garantizo que no vuelva a ocurrir´", Diario Registrado, 10/4/2013, enlace web: http://www.diarioregistrado.com/sociedad/72885-pata-medina--no-garantizo-que-no-vuelva-a-ocurrir.html

domingo, 31 de marzo de 2013

La politización de la institucionalidad vaticana. La elección de Bergoglio como sucesor de San Pedro y la estrategia de la oposición

La elección de Jorge Mario Bergoglio y la política internacional del papado son ejes de discusión en el sistema político argentino.

La elección de Bergoglio como sucesor del saliente Benedicto XVI tiene una repercusión insoslayable en Argentina. Más conocido por sus intervenciones políticas que por su labor sacerdotal, ha asumido duras posiciones frente a los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández, agravadas tras la sanción del matrimonio igualitario. Esta trayectoria da lugar a que un importante sector del kirchnerismo espere una convencía dura. Al mismo tiempo, las acusaciones de indiferente a las desapariciones de los sacerdotes jesuitas Jaliks y Yorio permiten interpretaciones que lo contemplarían como un sacerdote colaboracionista que movido por inclinaciones ideológicas y presionaría al gobierno con la posibilidad de legitimar una fórmula opositora. En ese sentido, parte del peronismo recuerda con preocupación el contexto que horadó al gobierno de su líder histórico.

No obstante, ha predominado la espera y confianza de los adherentes al actual gobierno, siendo interpretados los gestos de Cristina Fernández y el ex cardenal como señales claras de gestos conciliatorios, que mal cayeron a las oposiciones políticas locales.(1) Es una realidad que el ex cardenal ha expandido su área de gravitación hacia todo el mundo católico, con una gran capacidad de hacer agenda sobre temáticas soslayadas y urgentes, tarea en la cual Argentina puede desempeñar un rol de digno cooperador.

El 17 de marzo, el periodista Ricardo Ragendorfer publicó un artículo referido a la participación política que el actual Papa habría desarrollado durante su juventud. (2) El texto sostiene que Bergoglio habría sido un activista del nacionalismo católico, con desempeño desde  1972 en Guardia de Hierro, una organización inspirada en su homónima derechista húngara pero que se permitía mantener un perfil ecléctico en la  idea de ser la más auténtica representación del peronismo juvenil. Sin embargo, las acusaciones más graves con los grupos de la derecha están dadas en las acusaciones que Horacio Verbitsky formuló en torno al secuestro de los sacerdotes Yorio y Jáliks, quienes habrían denunciado alguna vez la responsabilidad de Bergoglio, no sin retractarse en alguna oportunidad el segundo. Los vínculos con el genocida Massera, que recibió el título honoris causa en la jesuita Universidad del Salvador, son otro de los cuestionamientos que le pesan aún bajo versiones que justificarían los vínculos políticos en las negociaciones de liberación de presos y desaparecidos en la dictadura.

El sociólogo y director de la Biblioteca Nacional Horacio González tampoco fue ajeno al hecho.  En reuniones de la asamblea del grupo de intelectuales “Carta Abierta” y a través de un artículo en el diario Página/12,(3) expuso una serie de argumentaciones dando constancia de su preocupación ante el despliegue de un poder populista conservador desde el Vaticano, amenazante al punto de “encuadrar lo popular”, en una manipulación susceptible de disputar la dirección de los pueblos. El análisis de González pareciera estar destinado a mantener una prudente distancia del reciente Papa, a la espera de obras que permitan juicios objetivos sobre su labor, manteniendo al mismo tiempo una prudente defensa de la autonomía de la política.

Cristina Fernández pidió tácitamente a sus seguidores  no tuvieran gestos negativos hacia Francisco I, en el respeto a la Iglesia Católica Romana y las posibilidades de llegar a acuerdos. La oposición celebró en forma inmediata la asunción del cardenal.

Pese a las diferencias públicas expresadas desde su función cardenalicia, los problemas financieros y las acusaciones de pedofilia que jaquean la credibilidad del catolicismo son asuntos que demandarán una actividad intensa y permanente, respuesta esperable a las expectativas institucionales. Del mismo modo, no debería menoscabarse una lectura de Bergoglio de la situación y las posibilidades de hacer historia produciendo cambios esperados, existiendo condiciones oportunas que alientan esas perspectivas.

Las dudas sobre el entrecruzamiento posible entre el poder espiritual y el poder temporal son legítimas, (4) alentadas por la experiencia reciente. Pese a ello, la situación actual advierte de un período de comunicación y apertura cuya ratificación o ruptura se expresará en los posicionamientos del pontífice hacia fines del presente año, cuando arribe a nuestro país.

Notas

(1)    “Para la oposición, es un giro "hipócrita"”, La Nación, 21/3/2013.
(2)    “Guardia de Hierro: la organización peronista en la que militó Francisco”, Tiempo Argentino, 17/3/2013,
(3)    “¿Un Vaticano peronista?”, Página/12, 19/3/2013.
(4) "El PAPA Francisco viene a disputar poder social", por Julio Gambina, en  http://juliogambina.blogspot.com.ar/2013/03/francisco-i-viene-para-disputar.html

domingo, 24 de marzo de 2013

Propuestas para una democratización del poder judicial en 678




El 12 de diciembre de 2012, el fiscal Felix Crous y el abogado Eduardo Barcesat fueron interpelados en el programa de la TV Pública acerca del pedido de la presidenta en torno a una democratización del poder judicial.

El fiscal dio cuenta de la continuidad del siglo anterior en materia judicial, sosteniendo que “la matriz judicial es la matriz de la dictadura”. Seguidamente,  caracterizó al poder judicial como aristocrático, vitalicio, irresponsable, que históricamente se había permitido administrar justicia bajo el gobierno del usurpante del poder político. No obstante, señaló la resistencia de la Asociación de Abogados semanas antes de la instalación del primer gobierno democrático tras el régimen militar de 1976-1983, cuando se pidió la expulsión de los miembros incorporados al poder judicial por el proceso , esfuerzo vano al convalidarse los jueces de la dictadura en 1984.

Barcesat fue igualmente crítico y tuvo un enfoque (como es común en sus apariciones mediáticas) altamente propositivo. Periodicidad, renovación por concursos, elección periódica de los jueces de la Corte Suprema por voluntad popular y el juicio por jurados en las causas de mayor gravedad.

martes, 19 de marzo de 2013

(1971) "El diálogo de América", de Álvaro Covacevich




La resistencia política puede admitir múltiples formas, y cada una de ella es capaz de cobijar una identidad vital de un proceso en construcción, quizás inspirada en la alegría de lo nuevo y esperado. Encuentro de próceres entonces vivos, El diálogo de América nos presenta a un esperanzado y tenaz Salvador Allende junto a un enérgico Fidel Castro, que no por joven carece de tacto y realismo político. Ambos comparten entusiasmados sus impresiones sobre el presente y porvenir de la resistencia latinoamericana frente a la amenaza del imperialismo estadounidense.

Un repaso sobre un Allende que descreía de la violencia clasista instalada en instituciones que asume democráticas, que se subordinarán por pudor a los procesos populares. “La derecha es tan cruel como se lo permite el contexto”, pronunció alguna vez el pensador José Pablo Feinmann, y sin lugar a dudas, dio razón al escéptico guerrillero cubano. En la situación de Castro, la lucha armada era la afirmación de la política desafiando al influjo tanático de Fulgencio Batista, bajo el cual toda pretensión de libertad encontraba el fin de toda posibilidad de ser. El tono desafiante de Castro hacia Estados Unidos, que se repite en varios lugares del documental y que Allende considera desmesurado, será probablemente parte de la estrategia de densa cubana ante la feroz oleada genocida pronta a desembarcar, que contará al presidente chileno como una de sus víctimas.




SALVADOR ALLENDE
FIDEL CASTRO
asiento                de             poder
El gobierno construye una institucionalidad democrática, validada por la vía electoral. Las Fuerzas Armadas acompañan el proceso.
El gobierno se afirma en la victoria de la guerrilla revolucionaria tras el enfrentamiento armado con la burguesía terrateniente y el imperialismo.
clase       obrera
La clase obrera avanza progresivamente desde el sistema democrático burgués.
La acción política se destina a devolver la dignidad al campesinado explotado y pauperizado.
obstá_ culos
Oligarquía experimentada en contaco con el imperialismo, poder político opositor, libertinaje de la prensa.
Imperialismo, falta de recursos humanos.
El socialismo, una causa inexplicable que sólo puede ser fundamentada bajo los objetivos de una mayor igualdad y fraternidad, probablemente la única que exprese una genuina razón de ser de la política, daba cuenta allí de sus múltiples posibilidades, guiando unívocamente hacia una valorización de la dignidad del hombre.


FICHA TÉCNICA.
(Chile, 1971) Documental. “El diálogo de América”, dirigido por Álvaro Covacevich.



sábado, 16 de marzo de 2013

Debate económico entre Roberto Felleti y Ricardo López Murphy en 678




El 30 de octubre de 2012, el diputado nacional por la Ciudad de Buenos Aires Roberto Felleti y el economista y dirigente Ricardo López Murphy discutieron en torno a la política económica del kirchnerismo en 678.

En el marco de los debates propiciados por el programa de la TV Pública, López Murphy atribuyó el crecimiento de la economía a circunstancias excepcionales, el bajo interés de los créditos de las instituciones financieras internacionales, y advirtió de los problemas que significan una situación externa delicada, la hipotética aparición de problemas energéticos y una fuerte caída de la inversión. Seguidamente Felleti contestó el logro en términos de intercambio por 20.000 millones, recordó la recepción del país en default con un 50% de asalariados informales, con 60% de personas en situación de jubilares por debajo del 90% actual, los incrementos salariales del 20% anuales, protección de la economía, y el repunte luego de dos trimestres en un contexto desfavorable,  al tiempo que advirtió que la inflación sería resultante de la expansión del consumo interno cuyas implicancias no minarían la estabilidad, sin necesidad de ajuste. Menciona también el aumento de la producción de electricidad de 16.000 a 25.000 megavatios y sostuvo que la expropiación de YPF evitará la importación de energía por fuerza del crecimiento. La mencionada crisis energética no existiría.

López Murphy alegó que los problemas de la inflación desacreditan al país ante el mundo, con consecuencias terribles sobre la sociedad; le quita poder adquisitivo a los que menos tienen, no siendo un problema en los países vecinos. Si la inflación hace daño, genera asimetrías y un impuesto a la inversión con una presión enorme, distorsiones que afectarían a los jubilados, siendo prioritario regular la situación de los jubilados, fomentar el turismo y lograr que el país exporte más que soja. Felleti acuerda en el perjuicio de la inflación a los sectores más humildes, lo cual motiva una política de ingreso a través de los acuerdos colectivos de trabajo. No puede aceptarse políticas antiinflacionarias que deriven mediante un ajuste fiscal. El 90% de cobertura jubilatoria a adultos mayores, las paritarias de los trabajadores formalizados y la Asignación Universal por hijo, administra importaciones, restringe la salida de dólares, garantiza la dinámica del mercado interno. Recuerda que el país produjo exportaciones en bienes industriales por el valor de 29.000 millones de pesos.

Otro aspecto aludido es la financiación del crecimiento. Según López Murphy, la idea del autofinanciamiento es un embellecimiento de la posición oficial, no endeudándose el país por tener una tasa de riesgo país extravagante, existiendo una extraordinaria desconfianza para conseguir financiamiento, ante el debilitamiento de la capacidad de acumulación de Argentina, con pérdida de competitividad y problemas del tipo de cambio. Uruguay sería un modelo a seguir, ya que había tenido un canje de deuda amistoso. Felleti, contrariamente, sostiene que el país autofinancia su crecimiento procurando un equilibrio de divisas energético. Garantizando mercado interno y externo sin endeudarse con desequilibrios fiscales. Destaca que los servicios de deuda pasaron del 6,4 al 2,2% del Producto Bruto, la falta de misiones del Fondo y el estancamiento del tipo de cambio. Finalmente, sostiene que el crecimientos e da por la competitividad, aún con el salario de los trabajadores más alto de Sudámerica.