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domingo, 8 de diciembre de 2013

Casa tomada. Reseña de "Olympus has fallen", de Antoine Fuqua

Objetivo: La Casa Blanca (2013) PosterTraducida como “Invasión a la Casa Blanca”, “Casa Blanca: la caída” y “Objetivo: La Casa Blanca” en los cines hispanoparlantes, “Olympus has fallen” (2013, Antoine Fuqua, 2013) recrea una amenaza a la seguridad nacional (el título refiere, concretamente, a la desactivación del dispositivo de seguridad en el interior de la residencia presidencial).
Corea del Norte, con un ejército de un millón de soldados, se aposta a 50 kilómetros de Seúl. La diplomacia de Corea del Sur se reúne con el presidente de los Estados Unidos para destrabar la crisis. Y de repente, lo inesperado : un avión (paradójicamente, no detectado por radares y con una carga de combustible inverosímil) comienza a bombardear y ametrallar los transeúntes del Capitolio. Una vez derribado el avión, numerosos camiones se aproximan al área de conflicto e invaden a la Casa Blanca.


La representación de los milicianos invasores no ofrece nada novedoso: con pasamontañas y rifles a repetición avanzan contra las fuerzas de seguridad que resisten el ingreso. Los lanzagranadas también permiten recordar los ataques de Vietcongs. Quizá un anuncio de que el peligro amarillo ha regresado.
Efectivamente, la película insiste en una asiatización del enemigo. El villano es Kang Yeasak (Rick Yune), hijo de un opositor norcoreano ejecutado, ahora un peligroso terrorista responsable de un bombardeo a la embajada británica en Seúl en 2004 y de canalizar tecnología de enriquecimiento de uranio a Piongyang desde Pakistán. Pese a todo, su capacidad destructiva no está libre de objetivos políticos, para lo cual exhorta al mando estadounidense a trasladar la séptima flota .


“- ¿Es del norte? Sin lugar a dudas no es del Sur.
-  Trabajo por la justica. Para dar a millos de hombres, mujeres y niños famélicos algo más que la posibilidad de subsistir. Para poner fin a la guerra civil que su país interrumpió hace tanto tiempo. Y sí, por una Corea unida y próspera.”

Cuando la presión de Kang logra alejar la VII Flota, un informativo anuncia la crisis internacional ante la pérdida de la relación de fuerzas, señalando la importancia del rol regulador que el ejercicio imperial brinda en la estabilidad de la zona, dado como irremplazable por las potencias continentales hegemónicas.

“Las fuerzas militares de Corea del Norte y del Sur están en alerta ante los rumores de la retirada de EE.UU. de la Zona Desmilitarizada. Indica, China y Rusia declararon estado de emergencia y han movilizado fuerzas militares. En Medio Oriente, la respuesta al ataque a la casa blanca es de júbilo. Miles de personas celebran en la calle y queman banderas de EE.UU. El vacío de poder creado por la partida de los EE.UU. podría despertar de inmediato un conflicto a gran escala y cualquier guerra convencional en esta zona fuertemente armada del mundo podría resultar en una confrontación nuclear.”

El encargado de salvar al presidente (Aaron Eckhardt) y solucionar el conflicto es el agente Mike Banning (Gerard Butler), transferido del servicio hacia el Ministerio de Hacienda por rememorarle al  presidente la muerte de su esposa. Banning recupera así la posibilidad de redimir su culpa enlistándose en una misión personal.
"Se trata de la genialidad del plan más que del nivel de acción. No olvidemos que el ataque del  11/9 fue tan sólo que unos chicos subieron a un avión con una navaja. Eso es lo que me atrajo de esto, lo relevante y lo provocativo que fue", dice  Butler sobre la historia, que fue desarrollada con ayuda de expertos en seguridad pertenecientes al mismo Servicio Secreto,  al FBI y a la CIA.
    Fue así como se determinó que la toma de la Casa Blanca se podía llevar a cabo en 13 minutos, usando un camión de basura. "Pensamos que sería relativamente fácil conseguir un camión de basura, el que nos podría servir como un bunker bastante sólido, así que ese fue nuestro punto de partida. Lo establecimos para el 5 de julio, ya que los camiones estarían haciendo limpieza después de la celebración del feriado. Antoine tomó esa idea y añadió sus propios toques cinematográficos", explica el actor.

Esta escena se presenta en tiempo real, detalle que pretende dar mayor realismo a los hechos. Aunque el objetivo de Fuqua y Butler es entretener a la audiencia, el director dice que la historia también entrega una lección. "Desde el 11/9, hemos llegado a ver el mundo de otra manera. La película es muy entretenida, pero también es una historia con moraleja. Al bajar la guardia, todo puede pasar".
Sin la pretensión de hacer una valoración sobre la densidad dramática sobre un film de propaganda, puede destacarse que una vez más un film se destina al Sudeste asiático.

Verdad y ficción
Con la conformación de la ideología del Departamento de Defensa de un “eje del mal” durante las presidencia de George W. Bush (2001-2009), sostén argumental a través del cual la política exterior estadounidense comenzó a negar la estabilidad anunciada bajo “el fin de las ideologías” en una revisión teórica favorable a un rol rector de Estados Unidos en la intervención armada. 

La tensa relación diplomática entre Estados Unidos y Corea del Norte tuvo un agravamiento notable tras el lanzamiento de la “guerra contra el terrorismo”, siendo desde el 11 de septiembre de 2001 anunciado como posible blanco militar. De este modo, el “enemigo coreano” se habría agorando interviniendo en el complejo contexto de la globalización, siendo acusado de desarrollar un agresivo programa nuclear en el mercado negro.

Durante marzo de 2013, se dio a conocer un video que mostraba un desfile de honor al presidente de Corea del Note, Supremo Líder Kim Jong Un, y seguidamente se visualizaba el lanzamiento de un misil dirigido hacia la Casa Blanca. Entre las hostilidades recientes en la península, Corea del Norte hundió en 2010 un buque de guerra a Corea del Sur, en un conflicto que ameritó la intervención mediadora de China.




sábado, 8 de junio de 2013

"Capitalismo: una historia de amor" (2009), de Michael Moore


L
a pregunta inicial, que amerita la reproducción de este video es ¿cómo funciona el capitalismo, en el país que se enorgullece de ser su principal promotor? ¿cómo se combinan las libertades civiles con la naturalización del lucro?, ¿cuál, finalmente es la relación entre democracia y mercado? Estas preguntas han sido frecuentes a lo largo de la historia. Estados Unidos, ejemplo de república, crecimiento y desarrollo industrial durante los siglos XVIII y XIX, padre de la liberación universal en las posguerras europeas, sostén de la democracia durante la Guerra Fría y ejemplo del nuevo rumbo económico (la marketinizada “Revolución Conservadora” de los `80) ameritaba una exposición al mundo sobre aquello que socialmente es, o dicho sea de otra forma, como vive el ciudadano estadounidense su inserción bajo el paradigma de su cultura.

La llegada del neoliberalismo tal como hoy persiste en Estados Unidos habría llegado de la mano de la presidencia de Ronald Reagan, en un proceso que implicó inicialmente un crecimiento récord de las empresas, y que derivó en despidos masivos, congelamiento de salarios, endeudamiento y quiebras de ciudadanos. Sorprendentemente, hasta 1970 el país gozaba de un Estado de Bienestar sólido, con alta participación de los trabajadores en las ganancias y con salud y educación garantizadas.

La mercantilización de la salud se presenta un aspecto traumático de la población media, en el que al falsificación de documentos, el soborno a los poderes públicos y la disposición de los cuerpos bajo la apelación a la autoridad científica explicitan una sociedad en que el mercantilismo de una oligarquía y la efectividad de su gerencia amenazan severamente la posibilidad de un orden democrático. Otro de los aspectos más problemáticos que se describen es la situación de los deudores hipotecarios, obligados a vender sus casas en ejecución a precios irrisorios, lo que describe como “robar propiedades legal y éticamente”.

Característica distintiva de los documentales de Moore, los extras rivalizan en calidad de contenido a la edición final.

  • En “Perdón, revendedores inmobiliarios y bancos” se describen los altos costos humanos de los ajustes empresariales de General Motors en Flint, con la consiguiente migración de los trabajadores hacia otras ciudades. Dan Kildac, tesorero electo del condado Genesee de Flint y presidente del Community Land Bank, decide la toma de tierras abandonadas como medida contra los especuladores en un esfuerzo por revalorizar la propiedad de los inmuebles garantizando cuidado y belleza urbanas, en una iniciativa por revalorizar los inmuebles a través del “control del paisaje”.

  • “¿Y si le hubiéramos hechos caso a Jimmy Carter en 1979?” retoma el discurso presidencial del 15 de julio de 1979, en el cual el presidente estadounidense dio un discurso crítico con el rumbo adaptado por la humanidad, anunciando la prevalencia del tener por sobre el ser, por la necesidad de la conciencia social de adoptar medidas de desarrollo sustentable y la necesidad de afianzar el rol de Estados Unidos como autoridad moral bajo el paradigma del respeto a los derechos humanos. El rumbo político que ha seguido la potencia norteamericana evidencia que continuó sus políticas en alineación a un discurso distinto.

  • “El congresista Cummings se atreve a hablar de aquello que no se habla” es una entrevista al representante Elijah Cummings, quien se quiebra al hablar del proceso de pauperización de su distrito, definiendo al capitalismo como contrario a la equidad y al trato justo.

  • Particularmente curioso es “Los ricos no van al cielo/Hay un lugar reservado para ellos”, en que el sacerdote Dick Preston califica al capitalismo como un sistema económico inicuo y define a Jesús “un cristiano socialista”.

“Capitalismo” expone los padecimientos e inestabilidad de una clase baja resignada y una clase media siempre amenazada por las imprevisiones, en una sociedad en que el espacio social y público son inexistentes, un aval para la mercantilización del padecer ajeno. Al mismo tiempo, la aceptación de la vulnerabilidad que origina el sistema deja a las claras las restricciones existentes para una ciudadanía libre, segura y feliz. La aceptación de éstas reglas de juego implica, ante todo, la imagen de un consenso (presunto) en la opinión pública, generando un importante vacío para la conformación de demandas instituyentes, una soledad pasiva y negativa que somete a los designios de las corporaciones que han hecho, por presión o corrupción, al Estado un mero apéndice de sí mismas.


En definitiva, una cabal muestra de la distópica actualidad en que un puñado de estadounidenses han logrado “hacer la América” sobre la sangre, sudor y lágrimas de sus compatriotas.





FICHA TÉCNICA.

(Estados Unidos, 2009) Capitalism. A love story,  dirección de Michael Moore.

martes, 21 de mayo de 2013

"La cinta blanca" (2009), de Michael Hanecke



“Pueblo chico, infierno grande”. El viejo y célebre refrán asociado al conservadurismo y control policial de la moral en las pequeñas poblaciones, en tanto elementos restrictivos de desarrollo y satisfacción personales enmarca prolijamente la atmósfera enrarecida en una aldea alemana, en la cual nos sumergimos ante la previa narración de una serie de acontecimientos inexplicables en el transcurso de la vida cotidiana de una aldea con apariencia de apacible.

A partir del acontecimiento del accidente del médico lugareño, el espectador se adentra en una situación en que los colores blanco y negro que absorben el film exponen las contradicciones de una sociedad cuyas conductas públicas y previsibles durante la jornada diaria contrastan con la hipocresía y la perversión en la oscuridad de la vida privada. El personaje principal de la historia (Cristian Friedel) es un maestro de escuela con alta capacidad de asombro que se propone descubrir las irregularidades de su entorno, quizás como único exponente que intenta torcer el status quo frente al adulto y conservador círculo de gobierno del pueblo (el pastor, el conde, el médico).

El acontecimiento que da nombre a la obra, la colocación tradicional de la cinta blanca como castigo que el pastor propicia a sus hijos ante un mal comportamiento como recordatorio de pureza e inocencia, refiere de lleno a la cuestión central a que nos somete el director: la manipulación de la moral y la conformación de una “nostridad” excluyente, que garantiza privilegios, pacatería, fariseísmo, permisiones y perversiones en que el cumplimiento de la prescripción de la moral comunitaria invisibiliza la realidad de los conflictos privados existentes, siendo los niños reducidos a meros subordinados de un mundo adulto corrompido e irracional. Sobre el final del film, la situación confusa explicita una resolución abierta e imprevisible, que claramente desencadena una resolución del protagonista de la historia.

Por su temática, en un contexto previo a la primera guerra mundial ( julio de 1913 y agosto de 1914), la película fue asimilada a una posible explicación sobre las causas del ascenso del nazismo. Del mismo modo, detrás de la pureza proclamada, la maldad, la envidia, la apatía y la brutalidad subyacen, construcción previsible del autoritarismo y el dictamen rígido de los prejuicios.




FICHA TÉCNICA.
(Estados Unidos, 2009) Das Weisse Band, dirección de Michael Haneke.


jueves, 16 de mayo de 2013

Bond, saga Craig



Frecuentemente no es fácil acostumbrarse a los cambios; pero también, a veces, pueden manifestarse en forma de gratas sorpresas. La renovada saga Bond, con Daniel Craig como actor estrella, humaniza al soberbio agente al punto de hacer visibles sus dudas, angustias y desengaños (atención: ¡comete errores!). Su jefa, la durísima M (Judi Dench) es una pragmática que se sostiene en la importancia de la razón de Estado, extremadamente sensible a las operaciones mediáticas, que visualiza a la agencia de inteligencia como el
elemento constitutivo del Estado británico.

La puesta en escena de los estados de ánimo del protagonista y sus debilidades recuerdan inevitablemente a la saga Batman de Nolan, en que existe una relación de diálogo entre la situación personal y el desafío permanente que surge de la función que los constituye, existiendo siempre la exaltación a la voluntad como salida final a las situaciones más dramáticas.

Con estos elementos como actores centrales de la trama, cada episodio redescubre facetas del personaje y visibiliza situaciones que dan una agenda de situación del contexto actual.

Casino Royale (2006, Martín Campbell)

Basada en la primera novela de Ian Fleming (1953) y con diversas interpretaciones, aborda el inicio de Bond como super agente (los llamados “cero-ceros”) siendo su primera misión conseguir información sobre el financiamiento de organizaciones de rebeldes (la elección de un país negro como escenario representativo de alta conflictividad social acusa un rasgo etnocéntrico pero no imprevisible). Tampoco es omitida la relación entre el dinero ilícito y los paraísos fiscales, siendo Bahamas uno de los escenarios del film, lugar de placer y ocio en que el protagonista incluso es prepoteado por un ricachón.

El villano del film, encarnado en Le Chiffre (Mads Mikkelsen), es un elocuente negociador que obtiene fondos de organizaciones clandestinas a las que ofrece esconder su dinero. La “timba financiera” se vuelve literal en este personaje que arriesga indefinidamente el dinero especulando sobre acciones y el juego, anticipándose en tres años al inicio de la crisis financiera mundial. Le Chiffre confiesa a Bond la imposibilidad de que sea juzgado, advirtiéndole que además será protegido ya que él sería un actor funcional que brindaría a los organismos de inteligencia una “perspectiva global”, un estado de cosas: la frase de Le Chiffre invita a pensar en una determinación fatal de los roles, en la mutua conveniencia de que para que exista el Bien también debe existir el Mal. Hacia el final del film se mostrará al espectador, con el mismo asombro del novato Bond, la prescindencia que hace el poder antagónico de quién hasta el momento se presenta enemigo principal del súper agente, una exposición del supuesto de que tras un poder siempre existe otro a lo largo de una extensa cadena.

Quantum of solace (2008, Marc Foster)

Tras la captura de White, y luego de advertir en una oficina del MI6 en Siena de la ubicuidad de su organización, es asesinado por un doble agente. Bond continúa la búsqueda de la red que sostenía a Le Chiffre a través del dinero falsificado de White en Haití.

La escena de la reunión del avión de Austria cuestiona severamente la ética de los agentes. La organización de Dominique negocia el reconocimiento de la legitimidad de EE.UU. del gobierno de Medrano con agentes de la CIA, quienes solicitan los hallazgos de petróleo en territorio boliviano. La conversación en torno a la geopolítica latinoamericana expone una presunta debilidad de los países de la región al carecer del dominio estadounidense. “No quieren a otro marxista que les de los recurso naturales al pueblo, ¿verdad?”, advierte Green. “Nadie esperar que impidamos en un golpe de estado que desconocemos completamente”, contesta el agente. Esta escena tiene directa relación con la escena del bar de Bond, en que señala al agente de la CIA Félix Leiter (Jeffrey Wright): “Me preguntaba como sería Sudamérica si a nadie le importara la cocaína o el comunismo”.

Otra escena de gran relevancia es cuando M defiende a Bond ante su superior, enojado con los cuestionamientos que la CIA hace sobre el agente estrella. M le hace saber que Bond cumple con su deber, desmantelando una red de financiamiento ilícito de grupos terroristas. “Si no negociamos con villanos, no habría casi nadie con quien negociar. Al mundo se le acaba el petróleo, M. Los rusos no cooperan. Los estadounidenses y los chinos se reparten lo que queda. Lo correcto o incorrecto no importa. Actuamos por necesidad”, se le señala. La ética de Bond, entendiendo que las restricciones del MI6 eran una operación para facilitar el petróleo a los estadounidenses, queda bastante limitada al ser comprendido por el servicio inglés como un mero objeto.

Política y negocios se mezclan en Dominique 
Green.
Dominique Green (Mathieu Amalric) es un agente de Quantum, un especulador que manipula la política de países periféricos en beneficio de su organización. El asunto que ocupa esta entrega es el acuerdo entre el derrocado dictador Medrano y Green, quien previamente señala su capacidad para desestabilizar países, proporcionar  seguridad privada, sobornar funcionarios y obtener reconocimiento de legitimada de un gobierno en 26 naciones. 

El film resulta muy interesante por diversos factores. Los villanos son apenas agentes visibles de las organizaciones que operan. Al mismo tiempo, se observa que los secretos de la profesión de las organizaciones estatales y no estatales son bastantes limitados. También la puja inescrupulosa por los recursos evidencia la manipulación de las naciones, al tiempo que se expone a organizaciones criminales en un pie de igualdad con los Estados.

Skyfall (2012, Sam Mendes)

El error resultante de una orden inicia este episodio del Bond más oscuro. Una bala por la consecuencia de una orden impacta fallidamente en el cuerpo de Bond dando inicio al opening que contiene la canción que da nombre el film.

La canción premiada de Adele, “Skyfall”, “caída del cielo”, comienza con el cuerpo de Bond cayendo desde un tren de movimiento hacia las aguas que se encuentran en los laterales. La caída, eje central de la película, se manifiesta en las reformulaciones que se presentan en el opening: la cercanía con la muerte, el escepticismo, el descrédito, el envejecimiento y la utilidad aparecen confrontando con el impulso vital de resistir. Se trata de que Bond vuelva a ser Bond (¿acaso una metáfora sobre la persistencia del clásico estilo que define a la franquicia?).

Bardem interpreta al caótico Raoul Silva.
Su enemigo será en esta oportunidad Raoul Silva (Javier Bardem), Tiago Rodríguez, un enfurecido y notable ex agente del MI6 por la traición de M que por razones políticas y tras sufrir terribles vejámenes por las autoridades chinas (¿la exposición narrativa  de la encarnación de un mal demasiado poderoso para ser atacado por medios militares?) vulnera el edificio de la central de inteligencia británica advirtiendo el deseo de venganza frente a su antigua jefa. Silva es una excelente construcción de Bardem, que recuerda mucho al Guasón de Ledger, cautivando a través de su excentricidad, la persuasión en imponer su modus vivendi y la empatía que genera su historia lamentable.

Entre Silva y Bond se encuentra M. Uno pretende matarla y otro protegerla. M acepta haber entregado a un indisciplinado Silva, tras extralimitarse hackeando información a China, a cambio de la devolución de seis agentes cautivos y una transición pacífica del territorio de Hong Kong. Bond, retomando paulatinamente la confianza en sí mismo y en M, considera aceptable la decisión de su jefa, en un mensaje cabal del sometimiento del orden de los agentes (lo cual recuerda mucho a Max Weber refiriéndose a la ética de las profesiones en El político y el científico). A diferencia de Bond, Silva ya no se sustenta en la valoración a la historia del Imperio Británico, el MI6 o el patriotismo; engañado, desafía al mismo sistema al cual alguna vez sirvió. La persistencia del pensamiento moderno en Bond (imperial, teleológico) frente al posmodernismo de Silva (caótico, desestructurado).

El final de Silva, sin duda, deja en deuda a la profundidad que el despliegue del personaje logra a lo largo del film.

Si faltaban pocas analogías con el Batman de Nolan se nos revela que Bond, cuya falta de tiempo se contrapone con el disfrute entusiasta de los placeres mundanos, es un huérfano. La última entrega, en este sentido, da cuenta de la entrega personal al deber, al fin y al cabo el único sustento para evitar la superficialidad de la existencia ante una trayectoria personal que no admite una vuelta atrás.

Bajo una elegancia que no podría ser estadounidense, un hedonismo que excede el canon super-heroico, Bond es una huella del nacionalismo imperialista de los últimos dos siglos anteriores que desafía con arrogancia los cuestionamientos de su vigencia y utilidad. Producto de consumo masivo, el balance de la saga Craig marca un saludable regreso, impolíticamente correcto, pero válidamente entretenido: una joya de la corona, sin más lejos.