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miércoles, 6 de noviembre de 2013

Recuperar es la tarea

El día 5 de noviembre de 2013, el politólogo Mariano Fraschini fue consultado en el programa “La vuelta de Zloto” (AM 1030 radio Del Plata, lun. a vier. de 16 a 19 hs.) respecto al ascenso de fuertes competidores electorales a los gobiernos progresistas de la región. Fraschini sostuvo que la peculiaridad de estos liderazgos (Sergio Massa, Enrique Carriles) es rehusar a considerar se oposición, postulándose como solución, destacando políticas impulsadas de los oficialismos y prometiendo modificar “lo malo”, siendo retóricamente continuistas.

Respecto a las posibilidades del kirchnerismo de revertir el resultado electoral generando nuevamente credibilidad y expectativa, sostuvo que estrategias a emplear son el “desenmascaramiento” (mostrar en verdad como él candidato es y piensa) o la construcción de una “tercera agenda”, sosteniendo que la primera estrategia habría sido ineficaz. Esa “tercera agenda” debería incorporar demandas históricas (experiencia cristalizada en la Asignación Universal por Hijo, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, Matrimonio Igualitario) y construirse sobre las deudas actuales en términos redistributivos, aspectos que requiere en promesa y realización una gran “flexibilidad e imaginación”.


¿Podrán los oficialismos resignar mística y encauzar apertura? ¿caerá finalmente el discurso consensualista, entendiendo la imposibilidad de gobierno sin la confrontación de intereses que obstaculizan el bien colectivo?

viernes, 16 de agosto de 2013

PASO PBA 2013: ¿Nos animamos a discutir en serio?

Finalmente, la esperada jornada de agosto llegó para disipar y afirmar, con la sentencia irrevocable de los datos concretos. Ello no implica pensar la parcialidad como una situación estática, sí como un resultado ante el cual deben existir fundamentos kirchneristas de derrota más complejos que la ruptura e instalación mediática de un político ambicioso y joven notoriamente inseguro e improvisado en los espacios específicos de publicitación de ideas, quizás una debilidad inherente a su temprano lanzamiento extradistrital que lo posiciona como un opositor “peronista” adelantado a una hipotética ruptura del gobernador Daniel Scioli.

Culpar a la perseverancia del intendente de Tigre por la derrota sería poco edificante y un gesto grosero de autocompasión, desmereciendo una biografía de gestión cuyas desprolijidades no implican rechazar una férrea defensa de la política frente a las corporaciones, con iniciativas voluntaristas destinadas a poner solución a los emergentes conflictivos con la dificultad inherente a un pueblo argentino que espera un rol protector del Estado bajo la utopía feliz de las mieles menemistas perdidas.

Una primera observación de parte del núcleo duro del kirchnerismo es la sútil diferencia entre los guarismos de la elección provincial (FR 36,14%, FpV25,76%) y Nación (FR 35,05%, FpV 29,65%), que no impide desdeñar un probable estudio del caso por el gobernador Scioli, confieso aspirante a la Rosada.

Lo que claramente se ha pasado por alto es una autocrítica pública en gran parte de las agrupaciones kirchneristas. En estos diez años, el kirchnerismo logró movilizar importantísimos grupos de jóvenes y sectores de la clase media, que por apoliticidades previas, carecen de un trayectoria militante lo suficientemente intensa y extensa para establecer distinciones entre el apoyo a una gestión y la resolución de las preocupaciones de los vecinos del entorno. A los efectos de su publicidad, Unidos y Organizados demostró que la entrega militantes podía vehiculizarse como un formidable aparato de trabajo social en episodios de crisis; en materia estrictamente política, el exitismo por la campaña electoral previa y la acefalia dirigencial promovieron una confianza ciega en una jefatura que acomodara los melones sumiendo a la militancia en un letargo poco utilitario. Asumir la  militancia dista mucho del presentismo de los actos en Plaza de Mayo, la extensión de la columna de una orga o la repetición de las canciones de La Cámpora, ni la queja ante los ataques del monopolio o la pésima instalación de un candidato que no conocen ni los del riñón. La respuesta a los colores primaverales es evidente. No es casual que Fernando Navarro, dirigente del Movimiento Evita, organización de militantes de base con firmeza territorial, formule una aislada autocrítica, probablemente instando a un cambio en las acciones de campaña.

Asumir los errores no debiera considerarse un gesto de debilidad, sino una voluntad de perseverar en una auténtica construcción transversal bajo una retórica didáctica que permitan reconocer la especificidad del momento político (crítico en lo electoral pero calmo en lo gubernamental) y persuadir por lo consumado reconociendo con precisión los desafíos próximos (una sintonía fina en el “Mirar para cuidar”, el control de la especulación inmobiliaria con alquileres casi equivalente a sueldos bajos, podrían entrar en la agenda) y un compromiso de que gobernadores e intendentes empuñen doctrinas decimonónicas para justificar la desatención de los episodios de conflictividad local.


En fin, nada que no se haya escrito por estos días, en un resumen menos elaborado que el dado en los lenguajes ambiguos y  categóricos de los escribas virtuales. Quizás estos apuntes puedan servir a la colección de anotaciones de estos días en la recuperación de un electorado no ideologizado y carente de adhesiones irrestrictas que supo otorgar un porcentaje equivalente al actualmente obtenido.

domingo, 4 de agosto de 2013

Regresos e inconsistencias en la campaña de la PBA

Jóvenes y ejecutivos, Massa e Insaurralde disputan
       liderazgo en la provincia de Buenos Aires apelando a la 
       gestión municipal.
Una patología recurrente de los mandamases de los ejecutivos más poblados del país es creer que el desempleo de un cargo ejecutivo y la utilización de periódicas campañas publicitarias posibilitarían una ambición presidencial. Este es el caso, en el actual período, de Mauricio Macri, Daniel Scioli y Sergio Massa, todos ellos confesos aspirantes a la más alta magistratura en 2015.

Si los períodos preelectorales de 2011 y 2013 se caracterizaron por promover la candidatura y tentar al gobernador Daniel Scioli como ariete de una alternativa poskirchnerista, el lanzamiento de la candidatura de Sergio Massa puede advertirse como un borrador preparatorio, entre lo que se incluirá obviamente el potencial convocante de la representación peronista y su posibilidad para acumular caudal en los sectores medios, un juego destinado a heredar la “perfomance De Narváez” del año 2009. Por el momento, las encuestas señalan diferencias que van desde 2 hasta 7 puntos de diferencia a favor del intendente de Tigre, resultados éstos que se irían acortando en la cercanía de la fecha de sufragio.

La lista del Frente Renovador contempla a macristas (Soledad Martínez, Christián Gribaudo, Gladys González), sciolistas (María Azucena Ehcosor de Acuña), altos industrailes (Mendiguren), burócratas sindicales (Héctor Ricardo Daer), Gilberto Alegre (intendente cacique de Gral. Villegas), Miguel Saredi (PJ, Pampa Sur opositor 2008-2009, período macrista 2009-2010, Pampa Sur oficialista 2010-2011 cobijado por Guillermo Moreno), Fabian Gianola (comediante) y la periodista del Grupo Clarín Mirta Tundis, entre otros. Con la práctica del rejunte y la retórica del consenso, la lista de Sergio Massa conlleva de manera irremediable el aroma de su suegro, el duhaldista Fernando Galmarini, en un nuevo intento de la dirigencia desplazada del capital simbólico peronista por el proceso kirchnerista.

El gran riesgo que afronta el kirchnerismo en las presentes elecciones es la posibilidad de un estancamiento de su carácter progresista ante la competencia de una propuesta electoral a las claras de centro derecha, al tiempo que el endurecimiento del discurso presidencial y personalidades leales carentes de construcción colectiva en lugares protagónicos marcan en cierta medida una apuesta a los incondicionales con riesgo de reducir electorado. El slogan que resume la campaña, “En la vida hay que elegir”, deja poco margen de adhesión a sectores que, aun críticos, saben que la democratización kirchnerista se da tras procesos cíclicos de acumulación política que le permiten sostener el manejo del ritmo político.

En la vida hay que elegir, aún bajo increpaciones innecesarias y la desgastante tarea de la militancia kirchnerista de sumar y contrarrestar sus antiguos aliados. Se trata, en la provincia de Buenos Aires, de sumar diputados nacionales a los diez años del retorno de la discusión (aunque aún superficial) política frente al retorno.