sábado, 14 de diciembre de 2013

Legados



El 10 de diciembre de 2013 se celebra en Argentina, por Ley 26.323,  el “Día de la Restauración de la Democracia”, siendo la fecha de asunción del primer gobierno democrático post-dictadura y el retorno del Estado de Derecho, con los condicionamientos inherentes al contexto.
Si una lección dejan las presidencias de Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner en estos primeros treinta años de democracia es la necesidad de encauzar y sostener de forma permanente la promoción de la democratización de la sociedad en sus diferentes niveles. Que todo se puede conseguir, que todo se debe discutir.
Aspectos positivos de la vigencia del sistema representativo son el juicio a genocidas, una política estatal de reflexión sobre la memoria histórica, la consideración dada al mercado interno y a la distribución del ingreso para la estabilidad institucional.
Por el contrario, la influencia de los poderes económicos, la burocracia sindical, el manejo de cajas negras de las fuerzas de seguridad, la gerencia política de los representantes y la apatía política de amplios sectores de la sociedad son algunos de los aspectos que de una forma u otra se han manifestado para evidenciar lo pendiente de la democracia, con frecuencia desestabilizada ante episodios movilizados por formas de oposición política.
El caos de estos días –en que la desobediencia del “Estado armado” ha sido su principal protagonista-, nos invita a pensar en lo nocivo de ser una “tropa obediente” y en la confianza irrestricta en el mandato representativo. No existen “pases mágicos” para desanudar conflictos; sólo cálculos de falibles ejecutores. Por eso, la democracia continúa siendo una lucha permanente, que necesita de todos para abrir nuevos cauces en procura de una mayor igualdad y justicia.

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