miércoles, 11 de septiembre de 2013

La realidad frente a la metafísica, tras las PASO

Una pregunta inmediata a las declaraciones de Martín Insaurralde en favor de la baja de imputabilidad es si el kirchnerismo emprende un proceso de derechización. A la toma apresurada y torpe de la bandera tradicional de la derecha punitiva, sigue el interés por elevar el piso de ganancias. Algunos se preguntan, ¿pueden estas no ser las palabras de la presidenta, dada la cercanía que le dispuso al candidato durante la campaña? En esta situación, hay dos elementos que pueden aportar algo de luz: Insaurralde es un intendente o, dicho de otro modo, un líder territorial que conoce las inquietudes (buenas o malas) de un distrito del GranBA y obra en consecuencia para obtener votos. Proviniendo del Partido Justicialista bonaerense, lugar de conversiones, adaptaciones y disputas de liderazgo durisímas, podría explicarse además la capacidad de nadar hacia la corriente de la opinión pública instalada.
Scioli expone personalidad y perfil propio, designando al
polémico Alejandro Granados.

En lo concreto, las PASO permiten una lectura que guía a las revisiones. La crítica interna, en este cuadro de situación, merece dejar de ser fustigada o cuestionada como una manipulación divisionista del Grupo Clarín. Sólo puede resistirse a la crítica aquél que tiene la soberbia de creer que no hay nada por mejorar. En este sentido, puede hacerse una división de responsabilidadesde aquí a octubre: el gobierno nacional en tanto representación máxima de una dirección, y la militancia distrital en tanto lugar de comunicación de las políticas públicas. Si los medios neoliberales hacen del ataque a el CEDIN, freno a la especulación y las corridas bancarias, una opinión pública hegemónica y cautiva, estamos al horno con papas. De tal modo, la estatización de YPF, la sanción del voto juvenil, la obligación de los bancos de otorgar el 5 por ciento de sus depósitos en créditos para inversión, la implementación de créditos para obtención de viviendas y reformas de inmuebles a través del PROCREAR y los intentos de acuerdo de precios poca incidencia han tenido en una sociedad que elige fuerzas políticas con los mismos criterios que un equipo de fútbol y abraza con enfásis la promesa demagógica del cese de confrontaciones, acaso un retorno al útero de la calidez menemista. También se advierte los vínculos transitorios que el electorado realiza con un proyecto político (temática a la que invita a pensar Gabriel Vommaro en “Diez años de Favores por votos. El clientelismo como concepto y como etiqueta moral”, en "Si éste no es el pueblo. Hegemonía, populismo y democracia en Argentina" (2010), de Eduardo Rinesi, Matias Muraca y Gabriel Vommaro (comps.)). Insaurralde, decimos, toma las promesas de Massa, a lo que nos preguntamos ¿ignora que para réplicas, mejor los originales? Por lo pronto, una respuesta necesaria para revertir la confianza de las mayorías es internarse en el debate y generar hechos políticos, una responsabilidad que cabe a la dirigencia nacional y a la militancia de los distritos.

La designación de Alejandro Granados, partidario de la mano dura frente al delito, al frente del Ministerio de Seguridad de la provincia de Buenos Aires no es un dato menor. Si en el período preelectoral Daniel Scioli buscó cautivar al kirchnerismo con muestras de fidelidad a Cristina Fernández cuestionando a la propuesta de Massa en la búsqueda de capturar estructura para el proyecto presidencial de 2015, esta decisión tras las elecciones primarias resulta un guiño a los intendentes en tanto posibilidad de premiación y preferencia al mismo tiempo que advierte la valoración de las bases de sustentación buscadas. En esta línea de consideraciones, no puede obviarse que el fenómeno más rico del proceso kirchnerista es la disputa generada al interior del propio peronismo entre fracciones de izquierda y progresistas frente a las corruptas y conservadora, con la consiguiente tensión en territorios y liderazgos.

La manifestación de retrocesos en la correlación de fuerzas son evidentes, y para un cronista que entiende que toda construcción se inicia desde abajo los enojados que escupen al cielo o los atónitos que se han privado de besar el anillo se han privado de razonar las urgencias del actual contexto. Así las cosas ¿dónde queda la “Generación del Bicentenario”? ¿qué de una resurrección de un peronismo de izquierda y su imaginario? ¿adónde la transversalidad? Es un escenario incoherente imaginar banderas con la cara de Eva, Cooke y el Che en una campaña presidencial de Daniel Scioli o similares; sin embargo, la manipulación simbólica todo lo puede. Las conversiones también. El kichnerismo ya no es -para cachetazo de la insolencia de los bravucones, o para el fatalismo triunfante de jóvenes eufóricos que jamás pisan zonas con necesidades- el 54 por ciento. Las cartas están echadas, y para quien desee revertir el cuadro de situación, no queda otra que la militancia real.


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