viernes, 28 de septiembre de 2012

Los cacerolazos de la exclusión


Protestas antikirchneristas con fuerte contenido clasista viabilizarían una clientela apreciable para un populismo de derecha.
El jueves 13 de septiembre tuvo lugar una diseminada cantidad de manifestaciones opositoras al gobierno nacional a lo largo de la Argentina, en tanto expresión de repudio a funcionarios y políticas del gobierno nacional.
El enfoque de los medios, nada casual, registró principalmente lo acontecido en la Capital Federal, gobernada por Mauricio Macri, principal referente del neoconservadurismo en el país. Electorado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires cuenta con un sector históricamente privilegiado (el del llamado “Barrio Norte”) y suele ser muy susceptible a la idea de una cierta pérdida de autonomía, ante lo cual es dado a preferir opciones locales (el gobernante PRO se ciñe al caso) por sobre las fuerzas políticas de relevancia nacional.
Algunas de las consignas de los manifestantes (alta y mediana burguesía, mayoritariamente) fueron eufemismos contra políticas públicas claramente reconocibles:
-         falta de libertad: control sobre propiedades y ganancias extraordinarias por los organismos de recaudación; límites a la dolarización de la economía, repudio a los impuestos progresivos.
-         falta de seguridad: demandas de por aumento de la represión y medidas ejemplificadoras con el delito; cuestionamiento a los organismos de derechos humanos por “permitir que se vulneren los de todos los ciudadanos”.
-         diktadura: negación de las demandas de la mediana y alta burguesía (aumento de la renta de los subsidios, políticas de flexibilización laboral, generación de políticas que causarían un rechazo clasista, etc.).
-         fomento del odio:  esta idea proviene desde 2003, a partir de la iniciación de las políticas de derechos humanos y se acentúa tras  la dureza de las consignas y declaraciones de la burguesía terrateniente durante 2008 tras el proyecto para aumentar el gravamen sobre la renta extraordinaria de la soja. De aquí que el kirchnerismo se manifestaría, según el perfil ideológico de la derecha, como un proceso que habría venido a generar divisiones irreconciliables entre argentinos que antes vivían en paz, amor y hermandad, sin nada que reprocharse el uno al otro. Visión semejante implica omitir un siglo de democracia interrumpida, de la deslegitimación del voto popular, de persecuciones políticas, genocidios, enriquecimientos fraudulentos y pauperización.
La queja ha tenido por objetivo expresar la idea de un “peor país”. Al respecto vale tener en cuenta que los ataques dirigidos a Cristina Fernández son el cuestionamiento a los principales beneficiarios de las políticas sociales quiénes, según expresión de los manifestantes, satisfacerían sus necesidades a través del Estado, denuncia clasista que expresa el deseo de un sector que supo consumar en absoluta libertad sus deseos hasta tiempos recientes.
El contenido ideológicos de las manifestaciones, expresión del avance de derechos de los sectores más postergados ahora contenidos en políticas concretas (plan Argentina Trabaja, plan Manos a la Obra, Asignación Universal por Hijo, universalización de las jubilaciones) quizás podría remontarse al concepto de “tiranía de las mayorías”, que surgida del liberalismo inglés tras la violencia fervorosa de las mayorías durante la Revolución francesa, buscaba un paulatino ingreso de la población analfabeta y de bajos recursos como límite para que el sistema político no se contagie de la violencia del populacho. El pensamiento liberal argentino tuvo en Domingo Faustino Sarmiento y los peores escritos de Juan B. Alberdi la consolidación de un razonamiento excluyente, sentando el precedente de un etnocidio racista para con el gaucho y el indio el primero, y la  teorización sobre la prescindibilidad de la población nativa y la necesidad de importación del capital humano anglosajón, el otro. Ambos serán enemigos de la dictadura nacionalista del oligarca Juan Manuel de Rosas, responsable de un gobierno con altísimos niveles de popularidad. Finalmente, será con Julio Argentino Roca que se consolidará el privilegio de la propiedad inmueble de los terratenientes, quiénes construirá un imaginario nacional a gusto y capricho. La actualización de un pensamiento contra las mayorías se ha formulado permanentemente contra el yrigoyenismo primero, contra el peronismo después y actualmente encuentra en el kirchnerismo su principal enemigo.
Los cacerolazos, en definitiva, poco tienen que ver con la derruidas ollas de 2001, cuando una clase media bordeaba la exclusión social ante la violencia de los políticas económicas, situación que viabilizaba claramente la posibilidad de una alianza pluriclasista como fuerza  demandante de un cambio político (recuérdese la consigna “Piquete y cacerola, la lucha es una sola”). Signo de nuevos viejos tiempos, apenas dos días del aniversario del derrocamiento del presidente chileno Salvador Allende que las tuvo como protagonistas, la ollas y el “medio pelo” volvieron a golpear con la persistente fidelidad a su individualismo liberal y a la alegre dependencia que la hace vasalla de la alta burguesía.
Los auténticos motivos del descontento hay que buscarlos en la realización de la protesta opositora como ensayo de expresión antikirchnerista -clientela cotizada para un populismo de derecha-  dado que ene el lugar d los hechos predominaban los carteles acusatorios  por sobre las demandas específicas, quizás por los  motivos inconfesables que hacían a su presencia física. Es una manifestación más de repudio a las políticas sociales en el marco de la tensión por pujas redistributivas, a apenas dos días del aumento de la Asignación Universal por Hijo. Como diría el estudiante de sociología Marcos Domínguez, "son estereotipos funcionales a un statu quo liberal, a un sujeto especifico que entre la dictadura y el menemmismo heredamos", un movimiento social de similares caracteristícas al ultraliberalismo del Tea Party norteamericano.
No obstante el alza inflacionaria que corroe el salario de los sectores de menores ingresos, la mayor parte de los convocados acusó de “demagógicas” y de “mantener vagos” a las políticas sociales (aunque éstas tengan gran presencia en las “naciones civilizadas” en las que se pretenda reflejar las derechas de los países emergentes).  No primó allí el descontento de los más necesitados, sino la irereverencia de los libre consumidores antidemocráticos y una retórica excluyente, siempre impune. Quizás el temor a un Estado que, muy paulatinamente, ha incorporado la responsabilidad de regular el mercado y la propiedad par los 40 millones de argentinos.
  
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jueves, 13 de septiembre de 2012

“Fin de Ciklo”, de Rosendo Fraga


Reseña de una predicción fallida.

Se repite en numerosos episodios, a lo largo de distintos procesos políticos cualquiera sea el lugar en que se desarrollen, una de las fórmulas más groseras de movilizar el comportamiento político de la opinión pública a modo de favorecer la degradación del adversario: 1) describir un escenario futuro caótico, resultante de la hegemonía de la fuerza que el autor hace antagonista, en un momento donde la correlación de fuerzas le es desfavorable, o 2) plantear, ante una correlación de fuerzas favorable, la irremediable derrota del enemigo, una construcción tendiente  a convencer a los indecisos y debilitar psicológicamente a la fuerza contraria. El libro al que haremos referencia posteriormente se inscribe en el segundo caso.
Rosendo Fraga es el autor de la publicación en cuestión. Abogado egresado de la Universidad Católica Argentina, sus opiniones son recogidas por los medios en los que es consultado como analista político, periodista e historiador. Dirige el Centro de Estudios Nueva Mayoría, que actúa como usina de ideas del antikirchnerismo, condenando frecuentemente las formas y la "falta de consenso" con que toma las decisiones el oficialismo
Fraga se asombra ante esta personalidad que utiliza “el conflicto como metodología de construcción del poder político”. Ve en Néstor Kirchner un comportamiento autoritario, indigno de un político, que se desenvuelve con gestos imprudentes, capaces de llevar al país al caos, a no medir la magnitud de los enfrentamientos que inicia.
El argumento de Fraga no es más que el reflejo de la persistente incomprensión de la oposición antikirchnerista respecto a al reformulación de la política argentina, lo que no es otra cosa que el retorno de las disputas programáticas en torno a la plenitud de los poderes públicos. El acartonamiento, los gestos vacuos y los acuerdos palaciegos –todo aquello invisible a los ciudadanos- formarían parte de la alta política, en un pensamiento conservador que hace virtud los vicios del pasado.
En este sentido, hay algunas actitudes cuyas consecuencias no pidieron medirse inmediatamente pero que tienen su peso: la negativa a realizar ejercicios militares con EE. UU., a recibir a la disidencia cubana (respecto a Washington); el rechazo de lso reclamos de países europeos por sus inversiones en la Argentina, a  las posiciones duras frente a los presidentes de Bolivia y Uruguay y al titular del BID, así como también la negativa del Presidente a recibir las cartas credenciales de Embajadores extranjeros –tarea que dlegó en el Vicepresidente y luego en la Cancillería- y la tardanza o demora que el Presidente argentino muestra en el protocolo internacional, si bien son gestos que pueden generar alguna simpatía, suelen provocar un costo externo aunque no sea tan visible en lo inmediato.»
Prácticamente descripto como un troglodita de la política, Fraga condena los gestos de independencia de Kirchner. Todas las acciones confrontativas, expresiones de una búsqueda de ejercer la legitimidad del poder de una magistratura devaluada (la investidura presidencial), son repudiados como caprichos ante los poderosos que, tarde o temprano, generarán, inevitablemente consecuencias y que degradarían paulatinamente su capital electoral, hasta transformarlo en un referente pasajero.
Resta decir que los escenarios previstos por Fraga, que van de la derrota electoral al desgaste en gobierno, no han tenido lugar y, muy por el contrario, la muerte de Néstor Kirchner (imposible de especular, demasiado perversa en imaginar) en octubre del mismo año multiplicó la épica del relato, y dio al kirchnerismo una adhesión juvenil  espontánea e impredecible que añadió un nuevo fervor al proceso.
La trágica muerte de Néstor Kirchner tuvo como consecuencia una sensibilización popular, sobre la obra de gobierno y movilizó a la actividad política a numerosos adherentes y simpatizantes. Paradójicamente, el kirchnerismo se sostendría ya sin Néstor Kirchner como principal figura sino con su esposa, Cristina Fernández.
Trágico, incomprensible e impredecible, Néstor Kirchner navega en al gloria de la eternidad por sobre la insistencia de los relatos opositores.

Ficha técnica
FRAGA, ROSENDO. (2010) Fin de Ciklo. Ascenso, apogeo y declinación del poder kirchnerista, Ediciones B, Buenos Aires, 2010.